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Prostitución y feminismo prostitutas en casa

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Luego bajan y charlan con los clientes del bar. Si alguno quiere un baile privado, puede pasar a un reservado y paga por el baile, y también por lo que beba a un precio escandalosamente caro. Trabajan en el club porque muchas no disponen de casa donde recibir. Y poquísimas se atreven a recibir solas en casa, sin protección. En el club, te sabes protegida frente a un cliente que se ponga violento.

Para cotizar basta con darse de alta como masajista. El Estado no se mete en averiguar el tipo de masaje que se ofrece. Entro en el régimen general de artistas. No hay un sindicato de prostitutas como no lo hay de escritores. Pero sí existen asociaciones diversas de ambos colectivos.

Ninguna de ellas querría que se regulara la prostitución o que el dueño del local la contratara como prostituta. Si estuvieran contratadas, no elegirían; estarían obligadas a hacerlo. Su marido no lo sabe, o sus hijos, o sus familiares.

O muchas posibles historias de amor. Muchas, para colmo, no se consideran prostitutas. Es vegana, animalista, actriz porno y trabajadora sexual desde los Georgina trabaja en la calle, María no. Georgina se inició primero en el trabajo sexual y luego en el feminismo. Tienen muy en claro lo que son y lo dicen con orgullo: La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida.

Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema. Una opta dentro de las pocas posibilidades que tiene. En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos. Como empleada administrativa me sentí super explotada, muy mal paga. A los 21 años me costaba mucho conseguir empleo o los sueldos eran muy bajos, siempre en negro.

Soy de General Rodríguez y nunca podía alquilar en Capital, me costaba mucho estudiar y trabajar a la vez. Viajaba muchísimo y mal. Tampoco tenía la posibilidad de que mis padres me paguen un departamento, como le ocurría a algunas compañeras. Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario. Las abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia nosotras. No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere.

Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado.

Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima. Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas.

El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir. Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo.

Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no. Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo. Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto. Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos.

Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución. Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones. Ahí se pidieron derechos laborales.

Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer.

El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco". El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta.

Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista. Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores.

Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad. Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata.

De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó. La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero.

Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras.

prostitución y feminismo prostitutas en casa The liberalization of sexual customs in late capitalism, together with neoliberal market deregulation, encouraged the expansion of a sexual market in which certain businesses operate illegally, as in the case of people trafficking. Ya se acerca el final de este año cargado de muchas novedades. Que solitas se van a quedar muchas. Mujer asegura que Oreo le debe USD mil por crear el sabor cereza-cola. Pero no es un trabajo como otro cualquiera. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario.

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Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Puedes ver también este artículo en la antigua web de Sinpermiso.

Y poquísimas se atreven a recibir solas en casa, sin protección. En el club, te sabes protegida frente a un cliente que se ponga violento.

Para cotizar basta con darse de alta como masajista. El Estado no se mete en averiguar el tipo de masaje que se ofrece. Entro en el régimen general de artistas. No hay un sindicato de prostitutas como no lo hay de escritores.

Pero sí existen asociaciones diversas de ambos colectivos. Ninguna de ellas querría que se regulara la prostitución o que el dueño del local la contratara como prostituta.

Si estuvieran contratadas, no elegirían; estarían obligadas a hacerlo. Su marido no lo sabe, o sus hijos, o sus familiares. O muchas posibles historias de amor. Muchas, para colmo, no se consideran prostitutas. A veces aceptan favores, eso es todo.

Natalia Ferrari, María Riot, si os decís feministas, os invito a que reflexionéis. Podríais cotizar a la Seguridad Social si quisierais. Esta mañana me he levantado y me ha sucedido como a Pilar Aguilar, me he llevado un disgusto desde primera hora. Lamentablemente ya no sorprende que una representante de determinados espacios de la izquierda española justifique la prostitución.

Ada Colau ya tuvo su momento de gloria. Hoy le ha tocado a Mónica Oltra que, en una entrevista en El Español , decía: Quiero creer que Mónica Oltra ha tenido un desafortunado día y que lo que quería reflejar es el necesario debate sobre la precarización laboral de las mujeres y sobre los cuidados.

Dos grandes retos para el movimiento feminista. Sin embargo, sus palabras no son casuales. Que todo se compraba, que todo se vendía. Hace unos meses una actriz porno se convertía, para una parte muy diminuta, todo sea dicho, del movimiento feminista en una voz autorizada para hablar de igualdad y feminismo. La inmensa mayoría de mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país provienen de redes de trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual.

No obstante, como sucede siempre que hablamos de mujeres, preferimos poner el acento en la excepción. En ese supuesto porcentaje minoritario de mujeres que ejercerían la prostitución con absoluta voluntariedad.

Donde no hay justicia y donde no hay derechos, no hay libertad de elección real. Conviene leer un poco a Ana de Miguel. Ese discurso que presenta mujeres empoderadas ejerciendo voluntariamente la prostitución es falso.

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prostitución y feminismo prostitutas en casaPosted on10:12 pm - Oct 2, 2012

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